Espantando lectores: "Irreversible es una obra maestra".


Pues sí, eso es lo que opino. Y no es una opinión que vaya a hacer a la Perse más grata a los ojos de mucha gente, visto lo visto. Si alguna vez me he quedado sola defendiendo cualquier cosa, ha sido con esta polémica y, según creo, poco comprendida película del genial director argentino Gaspar Noe. Comprendo perfectamente los motivos de los detractores, pero no comparto la mayoría de críticas que se le hacen. Otra cosa es que la peli guste o no guste... a mí, en realidad, no sólo no me gustó, sino que me pareció odiosa, terrible; al acabar de verla estaba en estado de shock, y así permanecí durante un tiempo indeterminado. Me costó días digerirla, pero puedo decir que ninguna película que yo recuerde haber visto ha provocado semejante torrente de pensamientos y sentimientos como el que siguió a su visionado. Tal vez, más adelante, vaya exponiendo algunos motivos, pensamientos, cruzamientos de cables e idas de olla que tuve y tengo a propósito de la susodicha. De momento, les enlazo una entrada de mi amigo Horrach, filósofo agudo y con la cabeza bien amueblada, que escribió una serie llamada "La mirada infernal" sobre tres películas clave de su imaginario personal: Crash, de David Cronenberg, la citada y Dogville, de Lars von Trier. Dado que hemos discutido largamente sobre las tres películas, en especial sobre la segunda y la tercera, que nuestra perspectiva general sobre las mismas (con la excepción parcial de la primera) es, grosso modo, bastante coincidente, y que veo algunas de mis propias intuiciones reflejadas en el texto -de un modo mucho más brillante del que yo misma hubiera podido dar a luz, claro está-, pueden recibirlo como representativo de mi propia postura sobre la peli.

Como los tomatazos virtuales no ensucian tanto al que los recibe como al que los tira, espero por lo menos modales si es que les apetece comentar algo aquí (sí, la tirita antes de la herida... he tenido alguna experiencia no muy agradable, y soy muy sensible al insulto y, en general, a los malos modos). Hale, les dejo el link y si les apetece, ya hablaremos.

La mirada infernal (2): Irreversible: La espiral de la violencia.


Bonus track
: el trailer de la película, que aparece y desaparece del tutubo como por arte de magia, vuelve a estar disponible. La música es, por cierto, uno de mis movimientos de sinfonía preferidos,el allegretto de la séptima de Beethoven.


24 me cuentan:

el loco oficial dijo...

Me voy a bajar la peli y te comento Perse..porque conozco al director y la peli pero no la he visto aún...me espero algo bueno, brillante, al menos sé que no me dejará indiferente viniendo la recomendación de usted.

el loco oficial dijo...

nada, ya la tengo en descarga directa así que en cuanto tenga un ratillo te comento que me parece :)

Osukaru dijo...

La peli a mí me gustó. Pero considero que no es apta para ciertos estómagos. Lo pasé fatal en la escena crucial de la peli. Casi (o realmente) logra que te sientas impotente ante la situación que estas viendo.

Crudísima...

Bruce dijo...

Me fío de la perse pero tambien sé que esta película no es para mí

Mondo Gitane dijo...

apuntomela, tiene una pinta estupenda, aunque ya veo que fuman como husares

chesus dijo...

Yo la ví hace un par de años, y no sé si es buena o mala, pero desde luego es impactante. La duda que me queda es saber si el director quiso contarla así, o crear polémica, ya sabes, para que hablen de tí. Mal o bien, pero que hablen de tí.

Intramuros dijo...

La verdad, a mi no me pareció gran cosa, pues detrás de todo el fuego de artificio de su imaginería violenta y la "retronarración", se esconde un discurso excesivamente trillado que no aporta nada nuevo respecto a montones de películas de argumento similar.

El director reduce su análisis de la violencia a dos elementos: odio y sed de venganza. No me vale.

La Perse dijo...

Don Loco: pues aquí le espero. ;)

Osukaru: lo creas o no, tu comentario habla muy bien de ti. Creo que, precisamente, una de las características de la peli es que define muy bien a quienes hablan de ella, puesto que te pone en una serie de situaciones en las que no puedes más que tomar partido, no te puedes quedar indiferente (de hecho, incluso si lo que sientes es indiferencia, de nuevo te obliga a definirte). Así, en la escena de la violación, por ejemplo, ¿qué es lo que se siente? ¿Se empatiza con la víctima, o con el violador? El hecho de que sea un plano secuencia sin elipsis de ninguna clase es lo que te "obliga" de algún modo a pasar por la experiencia... y a sacar algún tipo de conclusión.

Bruce: desde luego. Eso también habla bien de ti, creo yo; es una película malsana, lo más terrorífico que recuerdo en cine. De hecho, si leéis bien mi post os daréis cuenta de que no estoy recomendando su visionado, precisamente; la invitación al comentario iba para quien ya la hubiera visto, pero en absoluto la recomiendo. Repito, A MÍ NO ME GUSTÓ EN ABSOLUTO. Pero sí me obligó, de alguna manera, a plantearme muchas cosas...

Don Mondo: Pues que no se diga que se la he recomendado yo. Vea más arriba, las mayúsculas. Y sí, fuman... y no sólo fuman, oigan. Una jarta viciosos, eso es lo que son.

Chesus: Si quiso crear polémica o no, en realidad me es indiferente. Quizá sí. La pregunta, para mí, es si, una vez pasado el tiempo y analizada con frialdad, la película se sostiene por sí misma, si aporta algo más allá de efectismos varios, Incluso si los efectismos tienen sentido en la película o son gratuitos. Eso debe contestarlo cada cual, cómo no; respecto a mi postura, les remito de nuevo al texto de mi amigo Horrach enlazado en la entrada.

Intramuros: discrepo de plano. Ésa es precisamente la crítica estereotipada que puede leerse prácticamente en cualquier parte. De nuevo, recomiendo la lectura del texto de Horrach enlazado en la entrada; la discusión con sus argumentos, espero, si bien no consiga hacer cambiar de opinión a nadie, al menos sí debería crear argumentos algo más profundos que ese mero rechazo por "efectismos" y "ánimo polemizante" que tantos encuentran en una mirada superficial.

Intramuros dijo...

Perse, ya he leido el artículo antes de escribir el comentario. Quizá no me he explicado bien debido a su brevedad, así que me explayo un poco:

La verdad, quitando todo lo impactante de las imágenes, yo no veo esta película como "agitadora de conciencias" sino más bien muy muy cómoda para el espectador a la que va dirigida. Si te fijas, toda esa espiral de violencia avanza en el film de abajo a arriba. Es decir, los pijocultos (con los que se indentifica el espectador), son en principio inocentes absolutos, solo se ven tocados por "el mal" al entrar en contacto con los bajos fondos, la "escoria social". Esta forma de ver lo violento, es la clásica de las películas de Charles Bronson, netamente fascistoide.

La verdadera e incómoda violencia es la que se ejerce de arriba a abajo, no de manera eventual, sinó que continuada, y está fundamentalmente basada en las relaciones de poder. El Infierno, aunque parezca mentira está mas cerca del pisito de amor de la pareja beautiful formada por Cassel y Belucci que del club "Rectum". Pero mostrar eso si incomoda, porque pone en evidencia que, en mayor o menor medida, todos somos una mierda.

---SPOILER---
El único punto de interes que le veo sería la confusión a la hora de ejecutar la venganza. Porque, que cualquier persona se puede quebrar en un momento dado, lo vemos todos los días (aunque quizá no en casos de esa magnitud)
----FIN SPOILER----

Te recomiendo "Struggle" de Ruth Madder, échale un ojo y ya me contarás.

La Perse dijo...

Intramuros: Te agradezco que aclares un poco mas tu postura, eso también me ayuda a comenzar a puntualizar algo sobre la mía. En primer lugar, repito que no trato de hacer cambiar de opinión a nadie, al contrario, y respeto el tipo de punto de vista que tú ofreces y que no se distancia demasiado del que he visto más a menudo en comentarios sobre la película. Ahora bien, eso no quita que quiera transmitir una perspectiva diferente, la que me sugiere a mí la cinta de Noe. De todos modos, espero dedicar alguna entrada más al tema e ir aportando partes de mi visión, con lo que espero que vaya aclarándose progresivamente. Voy adelantando algún aspecto:

-La lectura sociológica de la película, la confrontación de clases es, me temo, algo superficial. Creo que es más justa una lectura ontoantropológica, tomando como posibles referentes, entre otros, a:

-Levinas: el tema del Rostro y el Otro: no sé si se habrá notado que las víctimas de la película sufren el impacto de la violencia precisamente de un modo que tiende a destruir el rostro, vaciando a la persona de su identidad y convirtiéndola en objeto cosificado, único frente al que se puede ejercer violencia sin verse reflejado uno mismo; la Bellucci es violada de espaldas y luego le destroza la cara, al hombre del Rectum le machacan la cara con el extintor...) A esto se une una constante ambigüedad en la determinación de las identidades (el travesti, el gay que viola a la mujer, la confusión a la hora de escoger al violador en el Rectum...)

-René Girard: la espiral de la violencia exige un chivo expiatorio, sin que éste deba ser, ni mucho menos, el culpable de los males, reales o ficticios, que atañen a los que han de asumir el papel de verdugos, de expiadores. Las figuras de lo Sagrado también tienen su lugar, incluso en máscaras laicas: la Bellucci es la Madre Ctónica, Dupontel es el Profeta, Cassel el avatar de la Venganza. Los papeles, sin embargo, son móviles, y los actores, meros avatares de algo que les trasciende.

-Lo que distingue a esta película de otras al estilo de, como citas, Charles Bronson, es que típicamente Bronson (y Harry el Sucio, y Stallone en Cobra y papeles similares), es que aquellos son Justicieros: les sostiene una base ética, ellos son juez, jurado y verdugo, y sus víctimas, siempre criminales. Ese tipo de cine remite siempre a algún tipo de catarsis violenta. En Irreversible, en cambio, no hay tal catarsis: no hay más que víctimas, todos son peones, o avatares, de la espiral mimética de la violencia desatada. Quien muere a golpes de extintor no es precisamente el violador, al contrario: a éste se le ha proporcionado, en la búsqueda de venganza, tan sólo un juego morboso que observa con placer.

-El estatus ontológico de la violencia no es tan sencillo; los tópicos izquierdistas inciden en lo que tú dices sobre las relaciones de poder y el teatro social, e, históricamente, ese ha sido el argumento de las revoluciones "del proletariado" que, tras pasar a sangre y fuego por todos sus obstáculos, han instaurado a continuación un orden proporcionalmente más sanguinario y violento que el anterior. El problema del asunto es que ese planteamiento siempre supone un "Nosotros" beatífico y victimista (el proletariado, el oprimido, el homosexual, la mujer...) y un "Ellos" demonizado y opresor (el capitalista, el varón-violador, el poderoso...) De acuerdo, pero los términos no son, ni mucho menos, tan simples, y la distancia que separa a unos de otros es menor de lo que puede parecer (de cómo, en las revoluciones, los oprimidos pasan a opresores... o, en Irreversible, los burgueses conservadores, bondadosos, simpáticos y acomodaticios, a meros asesinos sedientos de sangre).

-Y no se trata de mostrar que todos seamos o no "una mierda", sino de hacer ver que, frente a lecturas esencialistas con un sujeto todavía autónomo, moralmente responsable y libre, hay Fuerzas que están por encima de los autocondicionamientos: el Tiempo (la irreversibilidad del Acto), la Espiral de la Violencia Mimética (un Momento Crucial puede envolver a cualquiera en su espiral, sea para convertirse en víctima, sea en verdugo), el Ser (y aquí entraría Heidegger, pero eso sí que es complicado y excede con mucho lo que quería apuntar aquí).

En fin, cosas que se me ocurren. Un día de estos reprendo el tema y le dedico otra entrada. Un besito, Intramuros, y de nuevo gracias por tu comentario.

P.S. me apunto la peli... ya te contaré.

La Perse dijo...

Me doy cuenta al releer de por dónde va a caerme algún palo... Lo de las lecturas "izquierdistas" es una etiqueta parcial, no significa una condena (ni siquiera una valoración, de hecho) a toda la izquierda de pleno. Así, en los países nórdicos, Francia y otros países europeos la socialdemocracia ha conseguido un modelo de sociedad que no se ajusta en absoluto a lo que han sido la antigua URSS, China o Camboya, por ejemplo. Por lo demás, el esquema es reversible: en las dictaduras de derechas (Alemania nazi, Chile, Argentina) también se comenzó con pretextos morales y victimistas. Esa es la clave:sea con ropajes de "derecha", de "izquierda" o cualquiera otros, el esquema se repite, se divide un "Nosotros" estandarte del Bien y un "Ellos" estandarte del Mal. Todo esto necesitaría, claro, todavía muchas aclaraciones y matizaciones, pero baste de momento con lo dicho.

Intramuros dijo...

Veo que nuestra disensión se basa en que le damos diferente valor a ciertos aspectos de la pelicula. A lo mejor es que, personalmente me da bastante rabia esa autocomplacencia moral a la que tiende cierta élite cultural. Y viendo la peli, me da la impresión de que Gaspar Noé pertenece a este tipo de personas (a lo mejor me equivoco mucho).

Como tu dices, la película muestra la explosión del hecho violento como algo fortuito, dónde la pérdida de control es inevitable (hasta para la personas "con nivel", parece estar diciéndonos Noé). A mi me resulta mucho más terrorífica la violencia ejercida de manera consciente, "limpia" racional y autojustificada, como un instrumento para alcanzar ciertos objetivos. Y no hablo únicamente de lucha de clases. Basta con fijarse un poco como funcionan internamente la mayoría de empresas, organismos del estado y universidades para darse cuenta de a lo que me refiero.

Ya que sale el tema, más recomendaciones, que a lo mejor ya conoces: "Irma Vep", "Demonlover" y "Clean", todas de Olivier Assayas. En las tres, el director inserta de forma bastante sutil la hijoputez que se respira en el mundo de la cultura y la creatividad.

La Perse dijo...

Intramuros: completamente de acuerdo en lo de la autocomplaciencia de esa difusa "élite cultural", en la que incluiría tanto a determinados energúmenos, teóricos de la derecha más ramplona (tipo Milton Friedman), como a parte de esa falsa progresía "de carné", tan hipócrita como fariseica (les dejo los ejemplos). Recuerdo cómo un profesor de universidad me contaba que, a la vista de organizar una serie de conferencias sobre la situación -desastrosa- de cierto país sudamericano, se decidió invitar a algunos ciudadanos de a pie de tal país, con la intención de que diesen un punto de vista "a pie de calle" de tal situación. Pues bien, algún catedrático garrulo, supuestamente marxista, se espantó de que se llevase a hablar en un auditorio público universitario a personas sin formación ni conocimientos "estructurales" sobre la crisis vivida por el país. Sobran los comentarios.

Por lo demás, no sé si Noe cae o no dentro de esa categoría, pero, para el caso, no me importa demasiado. Yo tengo ante mí su obra, no su persona, y sobre eso es lo que hablo, pues es lo que veo. El cine, como toda obra artística, no es ya que esté abierto a interpretación, es que es interpretación: es el espejo, no de la naturaleza ni de la interioridad del autor, sino un reflector opaco que devuelve imágenes en las que tan sólo podemos reconocer aspectos de nosotros mismos.

En efecto, cualquiera puede caer, en cualquier papel y adoptando cualquier figura, en la espiral de la violencia mimética; la ilusión es la de creerse protegido, mediante principios morales que otorgarían una cierta superioridad que evitaría el contagio, o bajo cualquier otra defensa, frente a aquella. La violencia nos iguala a todos, en tanto todos podemos ser, una vez absorbidos por su espiral, víctimas o verdugos. Ahora, como muy bien puntualizas, hay distintos modos de violencia. En mis charlas con Horrach proponía servidora las categorías instrumentales de violencia "potencial" y violencia "cinética". Ésta última es la que se ha hecho evidente, la que ha dejado secuelas empíricas: la violación, el insulto, el asesinato. En cambio, la otra es más sutil. Se trata de identificar situaciones en las que se está invitando, de manera consciente o inconsciente, incluso fortuita, a la violencia "cinética". Les pongo un par de ejemplos: unos vecinos que acostumbran a ser tremendamente ruidosos, que ponen música alta hasta altas horas de la madrugada, etc., son, quiéranlo o no, posibles generadores de violencia. Puede ocurrir que algún vecino airado termine abordándoles de forma más o menos violenta, desde con insultos hasta llegar a las manos (y estas cosas ocurren, ya saben). Éste es el tipo de violencia que convendría atajar de forma preventiva. Otro ejemplo, más polémico: aunque no me guste reconocerlo, en mi propia experiencia he conocido algunas mujeres que parecen tener una tendencia, que no pretendo explicar aquí pero que es un "hecho consumado", de atraer sobre sí hombres de talante violento, incluso de forma reiterada y pese a todos los consejos en contra. Que alguna de estas mujeres tenga un mal final es, por desgracia, en ocasiones una "crónica de una muerte anunciada". Con esto no pretendo decir que la mujer sea, ni siquiera en parte, culpable de nada, al contrario; ahora bien, debería formar parte de la prevención de ese tipo de violencias una guía profesional para mujeres que pudieran estar en condiciones psicológicas como las que describo. Los fenómenos violentos no son, en absoluto, tan sencillos como, por ejemplo, etiquetas como las de "violencia machista" de los medios nos quisieran dar a entender.

Otro ejemplo más polémico todavía: la Bellucci, en la película, es otro ejemplo de violencia potencial. Es tan inocente como un corderito, sí, y víctima siempre, por supuesto, pero, por desgracia para ella (e, indirectamente, para su pareja y amigo), se convierte, a su pesar, en objeto de deseo, forzada a ser consumida en un ataque de ansia monstruosa. La inocencia no es garante para permanecer ajena a la violencia, por desgracia.

Y, en efecto, toda sociedad se mantiene en base a luchas de poder; es un universal antropológico, podría decirse. Por muchos sistemas de "frenos y contrapesos" que se integren en su funcionamiento, ello es inevitable. De hecho, las injusticias sufridas por fallas en el funcionamiento del sistema son, muchas veces, ejemplos de lo que llamaba violencia "potencial", ya que pueden conducir a altercados violentos en ciertas circunstancias y con determinados sujetos. Otra de las cosas que muestra la película, de ahí su estructura temporal y título, es que, una vez alcanzado el centro de la espiral, el daño, merced al hilo temporal al que estamos sujetos, es irreversible. Esa es nuestra maldición: no hay segundas oportunidades.

Me apunto también estas tres (espero encontrarlas subtituladas, al menos); por cierto, de ese mismo tema que dices tienen estas películas trata en buena medida el recientemente editado Blotch de Blutch. Una maravilla, además.

Horrach dijo...

Saludos a todos. Aunque sobre todo tengo que agradecer su tremenda amabilidad a la Perse. Quiero hacer constar que sin ella jamás habría escrito el texto que ella ha linkeado. Primero, porque fue ella la que me descubrió la película (en su momento no quise verla porque no me motiva nada ver escenas como la de la ya famosa violación de la Bellucci), y segundo porque, además, en conversaciones con ella, me descubrió algunas de las claves que a mí se me escapaban en un primer momento. Conste públicamente, pues, que gran parte del mérito del texto debe adjudicarse a la Perse, no a un servidor.

Intramuros, creo que, como dice Perse, a la hora de analizar la película, usted incide demasiado en puntos de vista ideológicos. Es inevitable llevar de fondo unos presupuestos fijos a partir de los cuales analizamos las cosas, pero deberíamos ir con cuidado cuando estos presupuestos son demasiado dogmáticos y nos impiden ver de verdad lo que alguien, en este caso Noé, nos cuenta. Por mi parte, yo no veo por ningún lado que Noé se deje llevar por una culpabilización 'de los de abajo', entre otras cosas porque esa separación (abajo/arriba) no ocupa ningún lugar en la narración. El Rectum será un local marginal, pero no está habitado precisamente por seres marginales en su totalidad. Además, la espiral mimética que conduce al Rectum está formada a partir de muchas tensiones y violencias, pues no sólo la violación marca el camino irreversible a seguir. Me gustaría hacer, en este sentido, mención, a una pequeña pelea, aunque determinante, que se da en la fiesta entre Bellucci y Cassell, cuando este la hace enfadar y eso provoca que abandone el piso, en dirección al túnel rojo donde encuentra al violador. Quien analizó muy bien la escalada a la que puede conducir las pequeñas tensiones y violencias fue Robert Bresson en su 'El dinero'. En la película de Noé ese análisis se lleva al extremo, asumido con plena lucidez por el director (esa lucidez a mí no me quedó clara en un principio; pensaba que Noé pudo llegar a determinados puntos casi por casualidad, pero el visionado de sus otras obras, como 'Carne' o 'Sólo contra todos' me descubrió que Noé es más dueño de su talento de lo que en un principio imaginé).

En esto coincido, coincido totalmente con la tesis de Perse, que diferencia entre lo que es la violencia 'potencial' y la 'cinética'. Los casos que ha puesto creo que soy muy adecuados. (por cierto, sepa que recuerdo con cariño esas charlas kilométricas que nos obligaban a seguir algún tipo de guión para no perdernos en la extraviada madeja de nuestras discusiones)

Horrach dijo...

Prosigo: coincido de nuevo con la Perse (usted y yo nunca podríamos ser pareja, pues coincidimos demasiado) en que ciertas obras de arte funcionan como espejo de los espectadores, en el sentido de que éste acaba proyectando en dichas obras aquello que interiormente lo caracteriza. En muchas ocasiones, me he sentido retratado (y asaltado, pues desconocía esa faceta de uno mismo) por ciertas obras, y la película de Noé no fue una excepción. Ya cuento en la disección de Kiliedro que no puedo de dejar de compararme al personaje de Dupontel, ese ‘profeta’ que es incapaz de salvarse a sí mismo a pesar de conocer las claves que mueven el comportamiento de los hombres. Su caída no procede del desconocimiento, precisamente. Servidor no es precisamente el más listo de la clase, ni por asomo, pero gracias a la lucidez de otros (Girard, Levinas, Bataille, Blanchot, la Perse, ...) conoce algo mejor la naturaleza humana... aunque eso no me ha servido para ser mejor persona. Culpa mía, sin duda.

Intramuros, prosigo con lo que antes le decía: no veo que la violencia avance de ‘arriba abajo’. Sí es así de forma epidérmica, pero visto desde un punto de vista individual la violencia avanza en espiral. A todos absorbe, sea en un ámbito o en otro, y nadie escapa a su poder dominante y perturbador. Algo sé de Noé, y créame que no participa de la ideología que mueve abortos como los de Charles Bronson y cía. Aunque reconozco que yo en un principio me dejé llevar por juicios como los suyos; no entendía ciertas cosas ni la dimensión de las mismas. Después entendí que Noé se movía a dos niveles: uno, el que caracteriza la lucidez portentosa de su film, la que profundiza en el saber sobre lo humano, y el segundo, que se dejó llevar por cierta demagogia a la hora de vender, publicitariamente, el producto. Ahí sí que cayó Noé en cosas discutibles, pero eso no tiene nada que ver con el contenido de la película (aunque esa estrategia publicitaria es la que me alejó del film).

Resumiendo este punto: la violencia no se ejerce sólo desde abajo o desde arriba, sino desde ambas direcciones, además de los lados, los ángulos y los vértices. No hay ámbito ni reducto que se libre de ello. Y coincido (de nuevo) con Perse en que cualquier pretensión angélica de sentirse fuera de esa dinámica lo único que hace es profundizar en ella (mentalidad farisea se le llama a eso), pues definir dogmáticamente lo que es bueno, también implica que lo que no entra dentro de esa categoría inmediatamente se demoniza. No hay bueno y malos en sentido esencialista; sí hay gente que hace cosas repulsivas y otras que hacen otras muy meritorias, pero esas diferencias ontológicamente no se dan, `pues su naturaleza es contingente. No es lo mismo, ni mucho menos, un terrorista que su víctima, pero en ambos hay algo tan análogo que, cambiando una serie de elementos contingentes (de orden genético, cultural, ambiental, etc), podría llegar a hacer que los papeles pudieran llegar a ser muy diferentes. Las identidades son algo, como dice Perse, muy ‘mercurial’, y si están sujetas a algo es a la ambivalencia, a pesar de que desde ellas se pretenda erigir cierta consistencia inamovible. De esta idea sobre la identidades creo, de nuevo, que ‘Irreversible’ nos ofrece una representación impresionante y profunda.

saludos a todos y hasta pronto

La Perse dijo...

Horrach: la generosidad es tuya, y el mérito de tu texto, que es mucho, sólo a ti debe atribuirse, aunque te agradezco de verdad lo que dices, so adulador. De hecho, el feedback es mutuo: yo he citado a Girad, autor que tú me descubriste y sobre el que eres experto, así que las referencias al mismo te las debo -y no sólo eso, claro está-.

Sobre lo que dices, de sobra conoces mi postura, así que huelga decir que estoy de acuerdo en todo. Es muy buena, y a mi juicio correcta, la matización sobre las "pequeñas violencias" que conducen al desenlace final; no sólo ellas cargan la violencia "potencial" que conducirá a la posterior violación y a la espiral vengativa (tanto la discusión entre los amantes como el papel de instigadores de los individuos que convencen a Marcus de tomarse la justicia por su mano), sino que, además, fallan los contrapesos, representados no sólo por la policía, teórica garante del restablecimiento del orden y, en tanto que sujeto del estado, "monopolizadora de la violencia legítima", sino, además, y principalmente, la voz del consejero, del profeta que termina siendo, paradójicamente -o no tanto- el brazo ejecutor del crimen (esto es, el personaje que interpreta Dupontel).

El conocimiento en absoluto equivale a la virtud, mucho menos a la felicidad; la fórmula socrática resulta sonrojante, por decir algo. La lucidez, como muy bien mostrabas en tu análisis de Dogville, en absoluto garantiza la superioridad moral. Es terrible, lamentable si se quiere, pero no por eso menos cierto que el personaje que demuestra mayor lucidez en aquella es el padre de Grace, el gángster. El análisis ontológico de la lucidez sigue siendo una de nuestras asignaturas pendientes; habrá que seguir trabajando en ello, porque la paradoja a la que conduce, a mí por lo menos, me sigue resultando, por el momento, irresoluble.

Valga lo mismo sobre el tema de las identidades, la ambivalencia y mercurialidad que las preside desde su mismo fondo, antes de ellas mismas, en la fisura en la que se han de, inevitablemente, forjarse. El Abismo cruza todos los puntos y se disfraza en multitud de figuras, de las que la espiral no es la menor de ellas.

Seguiremos con estos y otros temas, no me cabe duda. Gracias por explayarte en tus comentarios, Horrach. Un beso muy fuerte.

Intramuros dijo...

Horrach: Estoy de acuerdo con casi todo lo que dices. Incluso en lo referente a que Noé en ningún momento quiere explicar que la violencia siempre viene de “los de abajo”. Sus motivos para hacer la película tal y como la hizo son otros. Y te lo voy a explicar contando una “versión alternativa” de “Irreversible”:

Un hombre “con recursos” tanto económicos como intelectuales tiene una fuerte discusión con su mujer. Se va de casa enfadado a emborracharse. Cuando ya está medio pedo, se le antoja ir de putas. Encuentra a una (de muy buen ver) y le pide sus servicios de manera grosera y despreciativa. La prostituta se niega a atenderle, él se cabrea, la viola (en plano-secuencia) y le destroza la cara. Dos amigas de la víctima, también prostitutas se enteran de lo ocurrido. Una de ellas se llena de rabia y clama venganza, la otra, intenta hacerla entrar en razón. Empiezan a buscar al fulano. Las indicaciones de los testigos las llevan a un bar de copas. Allí se dirigen al tipo equivocado (el violador se queda mirando). El acusado, hasta las cejas de coca, empieza a hostias con la prostituta vengadora, entonces, su amiga rompe una botella contra la barra y se la clava en la cara en repetidas ocasiones hasta matarlo. Todo esto se cuenta de adelante para atrás, aderezado con pequeños episodios de “violencia potencial”.

Toda la chicha de la “versión real” de la peli está en este argumento. Pero seguro pensarás que así no funciona tan bien. La razón es clara: tenemos mentes aburguesadas. Nos produce una conmoción mayor ver a un intelectual fuera de control que a una prostituta haciendo lo mismo, por muy razonable que nos la muestren. El infierno se ve más claramente representado en un antro sadomasoquista que en un garito parecido a los que todos frecuentamos. Noé sabe muy bien quien es su público, y hace la película pensando en él. Por eso digo que la peli es cómoda y complaciente. Se alimenta de los esquemas mentales típicos del ciudadano acomodado para ofrecernos un mensaje trivial: todos podemos ser víctimas fortuitas de la violencia, así como perder el control en un momento dado y jodernos la vida por ello. Precisamente como el mensaje me parece trivial, veo que las formas son exageradas, pensadas para crear impacto y que se hable de la película. Noé no da en ningún momento discursos sociológicos, solo crea un producto para un target determinado, cuya excusa conceptual me parece insuficiente. Incómodo resultaría que nos mostraran facetas oscuras de nuestra personalidad que intentamos ignorar pero ponemos en práctica a diario, no cosas que te puedan pasar en un momento dado y que, por mucho que intelectualices, serías incapaz de evitar.

Perse: Todas las pelis que te comento tienen subtítulos. Si no los encuentras te los paso. Te recomiendo especialmente “Irma Vep”.Al “Blutch” le tenía ganas, esta recomendación será el impulso final para pillarlo la próxima vez que valla a la tienda de cómics.

La Perse dijo...

Intramuros: me atrevería a poner en duda lo que dices sobre el tema del "target" burgués y la intencionalidad de Noé, entre otras cosas porque la trilogía que se cierra con el primer "episodio" de Irreversible, y cuyas dos primeras partes son Carne y Seul contre tous, tiene como protagonistas a personajes que no son precisamente burgueses. Del análisis de las tres cintas surge, creo yo, una conclusión que no puede limitarse a clases socioeconómicas, ni a niveles intelectuales; la universalidad de la espiral de la violencia mimética, parece querer decirnos Noé, no distingue efectos de superficie como esos.

Tengo ya encargada Irma Vep; por lo que he leído por internet, tiene muy buena pinta, ya te contaré.

Horrach dijo...

No coincido con su criterio, Intramuros. No puedo estar más en desacuerdo sobre la 'trivialidad' que ve usted en la obra de Noé. Creo que para usted sólo deja de ser trivial lo que está ideologizado (en el sentido que a usted más le agrada), y servidor no está de acuerdo con esta idea, por limitada, parcial y por escasamente lúcida.

He pensado en todo esto cuando leía esta noche en El País (la edición de ayer) la crítica de Marcos Ordóñez a la nueva obra de teatro de los Animalario, basada en Goldoni. Algunos de los tics que, según Ordóñez, acusa Animalario los veo en su argumentación, Intramuros, y comparto lo que dice el crítico teatral de El País en el sentido de que formar parte de la burguesía no es algo tan malo. Tenga en cuenta que, vale, soy burgués, como Noé y como la divina Perse, pero ni soy banquero, ni jefe explotador, ni afiliado al PP ni cosas así tan demonizadas. Burgués a secas, qué le vamos a hacer. Pero la lucidez ni es burguesa ni proletaria, sino que escapa a todas estas etiquetaciones discutibles. Creo que la película de Noé (como la citadas de cronenberg y Trier) escapa a todo este etiquetismo superficial.

Querida Perse, llevo ya un tiempo dándole vueltas a eso del 'análisis ontológico dela lucidez'. Tal vez en la tesis aparezca algo de la peripecia.

saludos

Intramuros dijo...

Bueno, dado que habláis de películas que yo no he visto, hago un parentesis en este pequeño debate hasta que las vea y pueda opinar.

Horrach: yo también soy burgués, y no digo que serlo equivalga a ser un hijoputa. Solo que hay ciertos tics en nuestra mentalidad (la burguesa) que me resultan fastidiosos, y muchas veces consumimos cultura que los reafirman.

Por otra parte, aunque para nada me hace gracia el PP y alrededores, conozco y me trato con gente afin a esa ideología, y si algo valoro en ellos es que su nivel medio de autoengaño es menor que en otros círculos más progresistas y cultos. Un ejemplo de esto es la forma de tratar el enchufismo. En la esfera "derechosa" se habla libremente del tema como algo natural, sin tabúes y cada uno admitiendo "lo suyo". Sin embargo, en el mundo progre, estas prácticas están igualmente extendidas, pero el tema se evita y se oculta como si la cosa no fuese con ellos.

El gran pecado burgués no es, como suele pensarse, la pasividad, sinó la enorme distancia que existe entre nuestras ideas y nuestros actos.

Horrach dijo...

Intramuros, en absoluto creo que uno salga de 'Irreversible' con sus prejuicios burgueses (en el caso de que los tenga) reafirmados. Me parece que sucede exactamente a la inversa. El arte que sea tal y no otra cosa precisamente si algo debe provocar es que se vengan abajo todas las categorías esencialistas que utilizamos para valorar el mundo. Creo que Noé lo consigue.

saludos

Angel "Verbal" Kint dijo...

Durísima película si!!
a mi me gustó mucho aunque reconozco que, como dicen por ahí n es apta para todos los estómagos...
Pero su narrativa, su estilo, su crudeza, la hacen una gran película

Dr. Hichcock dijo...

Productivo debate, sí señor.
A mí la película me encanta. Pero, ¿sería posible rodar algo parecido en nuestro país?
Mucho me temo que no.

La Perse dijo...

Dr. Hitchcock: vaya, siempre me sorprende usted; creo que hay bastante más gente a la que no que a la que sí. De todos modos, me deja con la intriga de por qué no cree posible que se realice una película así en nuestro país... no se me había ocurrido pensarlo.