Diversiones: Tears for Fears vs. Gary Jules, Mad World.

Hay una peli por ahí, irregular pero como muy de culto, con cosas realmente interesantes y otras más discutibles... No conozco a nadie que la haya visto y te diga simplemente "tá bien" o "pues no me gustó mucho"; a quien le gusta, le encanta, y a quien no, le parece una porquería. Va, a lo mejor es casualidad, que hay gente y gustos pa tó, yo les cuento lo que sé. Bueno, estoy hablando de Donnie Darko. Esa peli de género difuso, mezcla de terror, ciencia ficción, locura, nostalgia ochentera, peli de institutos, musical, romance, frikerío... El caso es que en la banda sonora hay una canción original de Tears for Fears...


...Que versionó Gary Jules...

Y...

No sé cuál es mi talla de sostén.

En serio. No me costaría nada mirarlo. Pero paso: la duda que me asalta no es cuál es, ni por qué no sé cuál es, ni si el hecho de saberlo o no saberlo tiene importancia alguna. Tampoco me pregunto por qué demonios cuento esto aquí. Más bien me pregunto por qué no me pregunto ninguna de estas cosas. O mejor todavía: por qué no me preocupa no preguntarme nada de todo esto, si no paro de preguntármelo al decir que no me lo pregunto.

La época de la New Trend en los cómics EC.


En 1947, con la muerte de Max C. Gaines -uno de los editores pioneros en el formato comic book en Estados Unidos-, la editorial de su propiedad, EC (Educational Comics) pasó a su hijo, William. Hasta aquel momento, el tipo de publicación estaba formado, principalmente, por tebeos de carácter pretendidamente pedagógico y edificante, dirigidos a un público infantil y tratando temáticas como la ciencia, la historia o los mitos bíblicos, con títulos como Picture Histories from the Bible. Ante la escasa demanda de sus historietas, la editorial había acumulado, a la muerte de Gaines padre, deudas por valor de cien mil dólares. Se imponía un cambio de tendencias que tratase de reflotar la empresa, y esto es lo que emprendió William M. Gaines a partir de 1950. Cambiando oficialmente el significado de las siglas a “Entertaining Comics”, dio comienzo una nueva etapa, bautizada como New Trend que, tras modificaciones progresivas, alcanzó a consolidarse, manteniendo viva a la editorial. Las cabeceras que Gaines había heredado de su padre fueron sustituidas paulatinamente, junto con los géneros, temáticas y orientaciones de aquellas. Los nuevos títulos se centrarían en el terror -Tales from the Crypt, The Vault of Horror y The Haunt of Fear-; el género bélico (aunque con historias claramente antibelicistas) -Two-Fisted Tales y Frontline Combat-; el suspense, las historias de crímenes (1) y los relatos “de impacto” (2)” -Crime Suspenstories y Shock Suspenstories-; el humor -Impact y Mad, la única cabecera que ha sobrevivido hasta nuestros días-; y la ciencia ficción -Weird Science y Weird Fantasy, reunidas un tiempo después en un solo título, Weird Science-Fantasy-. El tono de las historias deja de ser simplón, puramente fantasioso, de moral conservadora, para adoptar una perspectiva de crítica social y política (3), una mayor complejidad, sutileza y realismo -también, aunque parezca paradójico, donde aparecen elementos netamente fantásticos-, y un mensaje liberal, entendido esto al modo norteamericano.

El éxito de esta New Trend debe mucho, sin duda, a los artistas encargados de la realización de las historietas. La edición, coordinación y la mayor parte de los guiones de terror, suspense, “impacto” y ciencia ficción se deben al duo William M. Gaines/ Albert Feldstein (4), mientras que los de género bélico y humor son obra principalmente del alabado Harvey Kurtzmann (5). Por otro lado, los dibujos corrieron a cargo de profesionales de sobrada competencia, algunos de los cuales reciben hoy la aureola de clásicos del medio; sin menosprecio de los demás, son sin duda destacables los nombres de Wally Wood, Graham “Ghastly” Ingels, Jack Davis, Al Williamson, Frank Frazetta, Roy Krenkel, Joe Orlando, Johnny Craig o Bernie Krigstein, entre otros.


No deja de resultar notorio el que en un medio tradicionalmente considerado para niños (6) aparezcan, tratados en general de manera seria y coherente (7), temas tan espinosos (más teniendo en cuenta el contexto) como el racismo -incluyendo el antisemitismo y la situación de los negros en Estados Unidos, con trasunto del KKK incluido-, el aborto, el divorcio, las desigualdades sociales, el militarismo, la paranoia antisoviética, los abusos de poder de empresarios, autoridades o fuerzas del orden público, la especulación financiera, el asesinato, la tortura, la extorsión, el chantaje y prácticamente cualquier género imaginable de crimen, además de los temas relacionados con la ciencia y la tecnología, entre otros.

Pese a los límites que el tipo de censura vigente en aquel momento imponía (8), los autores y editores de la EC se las arreglaron para permanecer en el filo de la navaja durante cerca de cinco años. Sin embargo, terminaron protagonizando, a su pesar, uno de los episodios menos conocidos de la “caza de brujas” de la época que, a la sazón, forzó la clausura durante décadas de un modo de entender y realizar los cómics en Estados Unidos. Aunque las causas reales son bastante más amplias y complejas (9), tal vez el elemento inicial más visible del proceso que causó el final de la New Trend fue un libro del psiquiatra austríaco Frederic Wertham, The seduction of the innocent, publicado en 1954. Éste, claramente sensacionalista y, digámoslo finamente, con una base científica -si es que se le concede- bastante discutible, arremetía contra los comic-books como uno de los factores causantes del aumento de la delincuencia o la homosexualidad en los jóvenes norteamericanos, entre otras cosas. La repercusión de la obra fue uno de los factores principales que motivaron una investigación por parte de un Subcomité del Senado de los Estados Unidos, encabezada por el senador Estes Kevaufer, en 1954. Allí declaró, además del citado Wertham, el propietario de EC, William M. Gaines (10). Con todo, el comité no tomó finalmente ningún tipo de resolución legal, pero las consecuencias llegaron de todos modos. Diversos editores de comic books se reunieron tras la investigación, a petición de Gaines, con la intención inicial de protegerse de la censura. Sin embargo, las cosas se tornaron en contra del dueño de EC, pues el resto de editores pronto sugirió medidas de autocensura aplicables a sus propias publicaciones. Gaines abandonó el grupo, y éste se consolidó con el nombre de The Comics Magazine Assciation of America, instaurando un código interno de autocensura (11). Aquellas publicaciones que no respetaran semejante código nopodían imprimir en su portada el conocido sello Approved by the Comics Code Authority (12). Esto, que no parece especialmente terrible de cara a continuar editando al margen de la censura, significaba, en la práctica, que ni distribuidores, ni libreros o tenderos de establecimientos donde se vendieran comic-books, distribuían o ponían a la venta aquellos que no tuviesen el sello bien visible en la portada. No fueron necesarias, pues, listas negras, soplones, leyes ni resoluciones para terminar con la manera de entender el medio de Gaines y sus colaboradores. Dado que ninguno de sus títulos, con la salvedad -relativa- de Mad y Weird Science-Fiction, podían continuar editándose como hasta entonces, tuvieron que cerrarse uno tras otro. Otras cabeceras y fórmulas de edición, intentando saltarse la censura o adaptar a ésta sus contenidos, fracaron sistemáticamente. La mayor parte de los autores principales emigraron hacia pastos más verdes, con desigual fortuna, y Gaines terminó salvando los muebles gracias al éxito que llegaría a alcanzar Mad (13), toda una institución en las revistas satíricas en el ámbito anglosajón. Pero la suya es otra historia, y deberá ser contada en otro momento…

NOTAS.
(1) Con una cierta obsesión por las historias de asesinatos conyugales: maridos que matan a sus esposas, esposas a sus maridos, o ambos arreglándoselas para aniquilarse mutuamente; muchas veces, con amantes de unos y otros por en medio. Es cuando menos curiosa la cantidad de variaciones que permitió un mismo tema, repetido casi obsesivamente en la revista Crime Suspenstories.
(2) En estos títulos aparecen relatos cuyo único denominador común es, precisamente, su vocación de impactar al lector, generalmente a través de un giro sorprendente hacia el final de la historia. También es el tipo de historieta donde -en este contexto- la crítica social suele plasmarse de manera más evidente.
(3) “Los cómics que con máxima intensidad y coherencia, así como con un impacto mayormente ininterrumpido, atacaron la involución y la represión ideológicas durante la guerra fría, fueron los producidos por William M. Gaines para las revistas bajo la marca EC”. Javier Coma, El ocaso de los héroes en los cómics de autor. Barcelona: Península, 1984.
(4) Gaines pasaba, literalmente, las noches en vela leyendo todo lo que caía en sus manos en busca de inspiración para nuevos argumentos. Estos eran transformados en guiones completos por Feldstein (también dibujante, aunque quizá de menor nivel que el de otros compañeros en la editorial). Los tebeos dirigidos por este duo se caracterizaron, en general, por incluir cuatro historietas breves en cada número, con el único hilo común de su temática -a veces ni eso-, y por incluir, casi siempre en la última viñeta, un giro sorprendente, inesperado e impactante en la historia.
(5) Éste, además de su labor pionera en Mad y otros títulos de EC, alcanzaría bastante notoriedad con la historieta Little Annie Fanny para la revista Playboy.
(6) En Estados Unidos el comic-book ha sido visto de este modo, al menos por el público generalista, desde el nacimiento del soporte hasta la actualidad. Los contenidos, al menos hasta, precisamente, los cómics de la EC, parecen justificar esta tesis -con honrosas excepciones-. Otro es el status de las tiras de prensa diaria -comic strips- que, si bien nunca han sido bien vistas, en general, por los apologetas de la literatura y el arte “serios”, al menos reconocían estar destinadas a un público adulto (a la masa pseudoanalfabeta, ignorante y falta de gusto, añadirían ciertos críticos). Tras el surgimiento del Comics Code Authority los contenidos del comic book experimentaron una marcada involución hacia contenidos no ya aptos para el consumo de infantes, sino simplemente infantiloides -de nuevo, con alguna excepción-. Prácticamente hasta la década de los 80, con el surgimiento de la graphic novel, el relajamiento de la censura y la aparición de autores inquietos con interés por el medio, apenas pueden encontrarse tebeos norteamericanos que pueda leer un adulto sin protegerse tras el velo de la nostalgia. No se contabiliza en este cómputo el underground de los 70 (Crumb, Bodé, Burns, Shelton…) por publicarse en revistas, panfletos, fancines, etc. “contraculturales”, no formando parte ni de las formas ni de los fondos del mercado mainstream del comic-book. Por otra parte, este proceso ha funcionado de muy otro modo en Europa: el “cómic adulto” llega al continente vía Hugo Pratt, influenciado por su trabajo conjunto con H. G. Oesterheld en Argentina, al tiempo que intelectuales (quizá el más conocido sea Umberto Eco), directores de cine (caso de Alain Resnais), artistas (notable la influencia de Roy Liechstein) y profesionales, en general, provinientes de otros medios (así, por ejemplo, el guionista y dibujante de cómics Guido Crepax tiene formación de arquitecto, y la hace notar en sus historietas) se interesan por la narración secuencial e intentan “dignificarla”, redirigíéndola en el proceso hacia el público no sólo adulto, sino también “culto”. Los frutos de estos esfuerzos pueden recogerse hoy en la importancia alcanzada por la Bande Desinée en el área francobelga y el fumetti en Italia, principalmente. El caso español es, para variar, divergente del de nuestros vecinos de continente, pues el boom del cómic adulto no llegó hasta el periodo de la Transición y, tras unos años de efervescencia con acentos progres y polémicas más o menos gaseosas, la cosa se fue diluyendo hasta encontrarnos con la situación actual, con un mercado más o menos consolidado pero francamente minoritario, con una producción propia escasa y en general poco respaldada comercialmente, y con un reconocimiento social a años luz del habido en Francia, Bélgica o Italia, por no mencionar Japón o Estados Unidos.
(7) Recurriendo para ello, si es necesario, a la ironía, el cinismo o la sátira.
(8) Y que, pese a ligeras variaciones en algunos aspectos, continúa a día de hoy manteniendo el mismo tipo de contradicciones; así, en publicaciones dirigidas -en principio- a menores de edad no pueden mostrarse ciertas zonas de la piel, pelo y mucosas que recubren el cuerpo humano, pero sí la totalidad de los órganos, sangre y huesos que se hallan en su interior, so pena de multas e incluso prisión para los editores, distribuidores y/o vendedores. Por cierto que algunos de los dibujantes de la EC, sin duda con ánimo burlón, colaban desnudos más o menos discretos en cuadros o esculturas camuflados en el decorado de algunas escenas.
(9)Dennis Wepman aporta un curioso punto de vista sobre el caso: “Las libertades civiles de los americanos se veían amenazadas por muchos lados y estaba claro que la industria de los comics, que en aquel momento se hallaba en su punto más alto, no iba a librarse de la amenaza. Crecía la desaprobación de los padres ante el material horripilante de los ‘comic books’ y Gaines, inevitablemente, recibiría su parte de tal desaprobación. Las madres siempre han sido excluídas específicamente de la cultura del ‘comic book’, del mismo modo que lo han sido de la cultura del bar; y, del mismo modo que trajo la Prohibición como venganza antes de la Primera Guerra Mundial, el voto femenino trajo la censura de los ‘comic books’ después de la Segunda”. “Los cómics EC: ciencia ficción, crimen y horror. La revolución EC y la nueva tendencia de los ‘comic books‘”, in: Historia de los cómics. Vol. I: Los clásicos norteamericanos. Barcelona: Toutain Editor, 1984 y ss, p. 315.
(10) En un momento dado de las sesiones de investigación del senado, Kevaufer mostró la cubierta de una de las publicaciones de Gaines, en la que aparecía la cabeza de una mujer cortada con un hacha, también visible en la imagen, y le preguntó al editor, allí presente, si aquello le parecía de buen gusto. Gaines contestó con una tautología implícita: “Sí, señor, lo creo… para la portada de un comic de horror”. Citado por Dennis Wepmann, loc. cit., p. 316. Lo paradójico del asunto es que el mismo Gaines había tratado de suavizar la imagen que le presentó originalmente el dibujante, que mostraba el cuello sanguinolento, dejando este detalle fuera de plano en el montaje que se editó como portada del cómic en cuestión.
(11) En el que se encuentran medidas como las siguientes: “además de la prohibición de palabras como ‘horror’ y ‘terror’, prohibe la representación de sangre, violencia, lujuria y ‘escenas e instrumentos relacionados con muertos vivientes, torturas, vampiros, demonios necrófagos, canibalismo y licantropía’”, es decir, los personajes y acontecimientos recurrentes en los cómics de terror y suspense de EC. Citado por Dennis Wepman, loc. cit., p. 316. El código de censura no suponía en sí una novedad, pues éste ya existía con anterioridad. Ahora bien, las modificaciones que supuso la nueva norma limitaban enormemente lo que podía publicarse bajo el nuevo sello censurador. Particularmente, las restricciones parecían diseñadas a propósito para eliminar los cómics de la EC -y de paso, a los imitadores que habían ido surgiendo bajo su estela-.
(12) Éste existe aun hoy en día, aunque mucho más suavizado. De todos modos, ya desde los ochenta se probó a publicar sin exhibir el sello, resultando viable, y en la actualidad pueden encontrarse bastantes cómics en el mercado norteamericano que no pasan por el organismo censor (aunque exhiban, a cambio, etiquetas o avisos respecto a su contenido “adulto” o “explícito”). Las contradicciones siguen en pie: el comics code admite imágenes ultraviolentas (han podido verse cuerpos humanos desmembrados, decapitaciones, torturas…), pero las palabrotas siguen sin poder aparecer de otro modo que como una sucesión de caracteres ininteligibles.
(13) Sobre el origen y primeros tiempos de la revista Mad puede consultarse: Don Thompson, “Aventuras de machotes, guerra y combatientes, y humor en vena yugular. Los cómics de guerra y humor de la E.C.”, in: Historia de los cómics. Vol. I: Los clásicos norteamericanos, ed. cit., pp. 331-336.

UBIK, de Philip K. Dick.

No hace mucho leí el libro de Emmanuel Carrère Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, y me picó la curiosidad nuevamente por el autor de Sueñan los androides por ovejas eléctricas, ya saben, la novelita en la que se inspiró la peli Blade Runner y que devoré de un tirón, años ha, en una sola noche. No hace mucho comentaba con un amiguete el aparente "revival Dick" que, de un tiempo a esta parte, da la impresión de haberse instalado en el ambiente; reediciones, adaptaciones al cine, monografías... y el tema, el Zeitgeist... no tanto la aparición de diferentes planos de realidad que se estructuran de modo jerárquico, ni siquiera su entremezclamiento o superposición, sino la imposibilidad recurrente de definir tales planos, de situarnos en los mismos... Ejem, estaba hablando de Dick, ese simpático chalaete. El caso: me he leído Ubik, no de un tiron esta vez, sino en tres.


"¿Y qué tal, Perse, te ha molao o qué?" Pues sí, me ha molao bastante. Hay que reconocer que el hombre no es que fuera un Proust escribiendo -menos mal, que con uno basta y sobra-, pero se defiende con profesionalidad y yendo al grano, a contar su historia y dejar los adornos y retóricas para otros escritores más afectadillos y pedantines. Y eso, lo que cuenta, pues... está bien, una trama tramposilla y con continuos giros y "sorpresillas", incluyendo la final. El problema tal vez es que, una vez tenemos en cuenta las premisas, los giros son cada vez más previsibles o, por lo menos, menos sorprendentes (el final, por ejemplo, no creo que coja a casi nadie a contrapie). Pero bueno, eso es lo de menos: la trama es amena, se lee en un suspiro y es posible darle vueltas al asunto, a todo el trasfondo dickiano -y zeitgeistiano, como decía-, y calentarse la olla con realidades, virtualidades y demás. Otro día, ¿vale?

Actualización de mi Ubuntu...

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Pues sí, no sin algún problemilla, he actualizado la versión Feisty Fawn a Gutsy Gibbon. Y de verdad que debería haber sido facilísimo, ya que te avisa de la presencia de la actualización y la realiza automáticamente. Pero... al parecer, un archivo esencial para la actualización había desaparecido -o había sido renombrado, o qué sé yo- del servidor español. Eso lo he descubierto después de pasarme el día pegando vueltas, ni os cuento... Total: renombrado de las URL de la actualización haciendo un rollete en la consola, sustitución de los es. por uk. (y de feisty por gutsy), y a actualizar... Se tira un buen rato, pero parece que ya pirula. ¿Cambios? Pues de momento he visto poca cosa. La carpeta de archivos se parece más al Mis documentos de Windows XP, con subcarpetas para música y tal (yo las había creado manualmente, tampoco cuesta tanto), diferente fondo de pantalla y alguna nueva apariencia, alguna que otra utilidad nueva preinstalada... Carga algo más rápido, parece... Y un problemilla: los molones efectos de escritorio no se me activan. Tal vez es que la mejora supera las posibilidades de mi tarjeta (una nVidia de 32 Mb, y sí, tengo instalado el driver para la aceleración), pero lo dudo; de todos modos, no los tenía activados para economizar los recursos del portátil (un Athlon 3000, procesador rápido y eficiente, pero que hace correr los ventiladores a poco que le pidas). En fin, sigue mi aventurilla linuxera; poco a poco voy aprendiendo cosillas, y la verdad es que no puedo estar más contenta con el funcionamiento: todos los programas y utilidades que uso funcionan a las mil maravillas. Y que dure.

Fábula del camello empastillado.

Paco pasaba pastillas,
rojas, verdes y amarillas;
sucedáneos de la felicidad,
con las que trapicheaba
fuera de la legalidad.

Al capo un día fue a pillar:
veinte talegos de costo
dos de maría,
cuatro pastillas,
un tubo de pegamento;
ciertamente, un buen cargamento.

Se comió de pastillas un par,
y fue cosa de un momento
el ponerse a flipar.

Paco pensaba:
"con lo que venda, pondré dos camellos a pasar
que se coman ellos el marrón
y yo de jefe, a organizar".

El negocio en su cabeza crecía:
"con un pasante en cada esquina
el beneficio aumenta
y la competencia fulmina’.

Paco ya se veía un capo,
y decía:
"seré el rey del costo
y de la maría."

Pasaba por allí un madero,
y a causa de sus gritos,
a Paco se le vio el plumero.

"Vaya sospechoso,
menudos berridos da.
Qué cara de espitoso.
Um... me lo voy a empapelar".

Y lo registró
y todo lo encontró.
La que se armó.
Con sus huesos
en la carcel dio.

Moraleja: “si vas puesto con tu mercancía,
se te irán los planes por la tubería”.

Los héroes del tebeo eran, por añadidura, hombres —pese a que cupiese manifestar algunas dudas acerca de la supuesta virilidad en algunos de esos casos. Pero un icono más, Catwoman, se encargaba por sí solo de desmontar la universalidad del cromosoma y griega.


Camilo José Cela Conde, en un artículo sin desperdicio. Lean, lean.

El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro.


No hace mucho vi esta interesante película del director mexicano Guillermo del Toro, premiada por aquí y por allá, en los Goyas y hasta en Hollywood. Y aunque a mí esto de los grandes premios me parece irrelevante de cara a formarme opinión, debo decir que por esta vez coincido: me ha parecido una película excelente. Si uno se olvida por un momento de que la trama tiene lugar en la Guerra Civil española -diablos, la mayoría de críticas que he leído por encima en la red no dejan de desprender un tufillo partidista- y de que la película no es realista ni cuando es "real" -¿o es que resulta creíble que unos maquis tirando con armas de aquellos tiempos tengan tanta puntería, por ejemplo?-, y se tiene claro que es un cuento de hadas más o menos sofisticado -¿se comprende mejor así que sea tan maniquea?, ¿desde cuándo eso es un defecto en los cuentos?-, se obtiene una película honesta, rodada con una competencia casi inédita en nuestro contexto (además de los efectos especiales y de maquillaje, la fotografía, la planificación, rodaje y montado de las escenas me han parecido francamente excelentes), con interpretaciones dignas en todo caso (y algunas destacables, como una -quién lo diría- convincente Maribel Verdú o un Sergi López que borda su papel) y un resultado final, me parece a mí, entretenido y con valores estéticos. Y con alguna cosa para dar que pensar. Y deja su heridita.

Resonancia magnética.


De noche, ya tarde, no sabía que hicieran esos rollos a esas horas... Un rollo, como un sarcófago, tope claustrofófico. Y una escandalera del copón, a ratos como bacalator, a ratos videojuego de Spectrum ZX, a ratos castaña continua... Con unos cascos puestos (y M80 radio de fondo, clásicos de la década; ahora recuerdo Voyage, voyage...) Me habían dicho que te hablaban todo el rato, para controlarte a ver cómo te va por ahí dentro, pero nada de nada: música y ruido, ruido, ruido. Yo he aprovechado para tener uno de mis flipes, o dos, o tres, que no les contaré, pero confíen en mi palabra: flipantes. He salido bien, mareada como un pato, pero bien; no me he movido ni nada. Dentro de un mes y medio, más o menos, me dirán el resultado de estas y otras pruebas; ya soy una sonada oficial, sólo falta que me digan si hay algo "visible" o no. Si no lo hay, la culpa será del boogie.

¿No?

No.

Con un par, don Satán.


Yo que él también me hubiera pillado el rebote... Vale, la lió, montó el pifostio, pero coña, un poco chungo también había sido el jefe... Lo que le queda al pavo son un par, o eso, o hacer un poco de gallito para que no se le desmadren las gallinas del corral... o un poco de cada cosa:

El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede en sí mismo hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo. ¿Qué importa el sitio donde yo resida, si soy siempre el mismo y el que debo ser; si lo soy todo, aunque menor que Aquel a quien el rayo ha hecho más grande? Aquí, por lo menos, estaremos libres. El Todopoderoso no ha formado este sitio para envidiárnoslo, y no querrá, por tanto, arrojarnos de él. Aquí podemos reinar con seguridad, y, según mi parecer, reinar es digno de ambición, aunque sea en el infierno; vale más reinar en el infierno que servir en el cielo.

MILTON, John. El Paraíso perdido. Madrid, 1984, p. 14.

Céline: el gordo Normance, féerie pour un autre fois II.


¿Sobrado, Céline? ¿Se le fue la mano, o sólo la olla? ¿A la moda, a la moda de París (cho-rís), o pegando por donde le daba? ¿A tomarnos por gilis o bienvenidos a me la sopla y no me la constipa? No sé, pero es el libro pirético -casi- definitivo, una ida de flapa escrita como por un pesado quejica, hipocondríaco y tocapelotas con la tornillería muy, pero que muy desapretada; un genio, vamos. Ya apuntó maneras de su chacarraca matracante y despiporrado en su Voyàge au bout de la nuit, y erre que erre luego... cada vez más... Aquí está en su salsa, páginas y páginas enfebrecidas con el desquiciado guiñol contándonos un imaginario bombardeo parisino, entre la pesadilla alucinatoria, el patetismo y el cachondeo, todo junto y bien revuelto, con un francés complicaete de seguir -la traducción no es que ayude mucho, no crean, y no es porque no sea excelente- y las particularidades marca de la casa, los puntos suspensivos, el monólogo interminable, los barriobajerismos mezclados con referencias cultas y coces al diccionario, y venga y dale y pego... Hay que leerlo para hacerse una idea, aunque supongo que ya se pasó la moda y hoy los culturetas dan por otros lados y a la peña gansa nunca le han interesado, si no es por esnobismo o llenamiento de estanterías, este tipo de ladrilletes. A mi me mola, cómo no, eh, que soy la Perse, submundera y masoca de carné, a ver.

Diversiones: Summernight city, Abba vs. Therion.

Versiones... diversiones, más bien. Es un temazo, una canción muy bien parida, una joyita petardiscopop que, con la cantalarilolirela combinación de voces marca de la casa y los setenteros, pilindrineros arreglos con que se adorna, nos dejan un impepinable muevecachas destructor de calorías y neurrrrrronas. Esto es, como sigue:

¿Imposible superarlo? Bueno, los barroquillos, pelín pedantines, pelín mejor tómatelos a cachondeo, Therion, perpetran una de las versiones más descolocantes que servidora recuerda. Se lo describiría, pero paso: por si no la conocen, que sea una sorpresa. Dejen el vídeo hasta el final, que no tiene desperdicio. Es adictiva... anda que no la he puesto veces, no me canso. Hale, a darle al play y ya me contarán.

Wonder Woman: a pesar de todo...

... Es uno de mis personajes de ficción favoritos. Y eso que es uno de los que más contradicciones me produce, si es que me paro algún momento a pensar en ello... A ver: una tipa que lucha contra el mal -ya me entienden- vestida con un bañador playero con la bandera americana. Con una doble "W", dorada para colmo, en las tetas. Cuya arma principal es... un lazo, caramba. También es un personaje mogollón de icónico -mucho más en los USA que aquí, todo sea dicho-, y con tantos años de historia ha dado lugar a toda clase de cosas. Merchandising chorra, de todo lo imaginable -y cosas que no se les ocurriría en la vida-. Ha salido en dibujos animados...
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En una serie de televisión, con la mítica Linda Carter creando un personaje naif, pero irrepetible...
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Y en centenares de tebeos, claro. Ha tenido algunas etapas más o menos gloriosas, como la de George Perez...
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O, más recientemente -y seguro que alguno no está de acuerdo en la elección, pero a mi me gustó-, Phil Jiménez.
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Ha tenido, cómo no, grandes portadistas (muchas veces para disimular unos contenidos más bien pobres, para qué nos vamos a engañar), como Adam Hughes...
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O, mi favorito, Brian Bolland...
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Hay quien la ha confundido con un forzudo mocetón metido a drag queen...
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Pero, gracias a Zeus, hay quien se ha dignado a hacer rediseños del personaje que resultan de lo más interesantes...
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Travis Charest...
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O Jamie McKelvie.

En todo caso, pese al choteo, pese a lo malos que son muchos de sus tebeos, pese a que hayan maltratado al personaje haciéndole toda clase de perrerías -desde matarla hasta convertirla en una asesina-, sigue siendo mi superheroína favorita (compartiendo honores con la reformada Catwoman, aunque Selina es harina de otro costal). Podría decirles que es por el aura mítica que tiene, por su transfondo mitológico, por los valores que defiende, porque es la única en compartir peana con Superman y Batman, o simplemente por su importancia histórica y sociológica en el contexto de la cultura del comic-book. Pero para qué: Diana me mola, punto. Como para encima tenerlo que explicar.

Your results:
You are Wonder Woman
























Wonder Woman
75%
Supergirl
70%
Robin
70%
Green Lantern
65%
Catwoman
60%
Hulk
55%
Spider-Man
40%
Superman
40%
Iron Man
35%
The Flash
30%
Batman
25%
You are a beautiful princess
with great strength of character.


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Pues no está del todo mal esta peli de Cristophe Gans, el de El pacto de los lobos, otra que tampoco estaba del todo mal. Eh, que no es que ninguna de las dos me haya parecido para descorchar botellas de cava, por eso, pero se dejan ver y tienen sus puntos.


Ésta tiene la cosa del misterio... Una niña con un pasado extraño, ligado a un pueblo, el Silent Hill del título, que se ha convertido en un ghost town en toda regla... Por lo menos no es la típica peli de slashers, zombies, vampiros y demás... El tema del pueblo fantasma quizá no sea tan recurrente, por lo menos en los últimos tiempos. A ver, muy original, pues tampoco, pero dentro de lo que han sido mis últimos títulos vistos de género fantástico no hay nada en esta línea.
La peli es muuuuy esteticista, y hasta el plano más simple contiene algún movimiento de cámara rebuscado. La profusición de decorados decadentes y kippelizados se sucede hasta aburrir, y taaanto efectismo y cuidado por la imagen llega a resultar amanerado y artificioso.
Las escenas del "castigo" final recuerdan demasiado a Hellraiser -o a Spawn, si vamos a lo de las cadenas-, y hay cosas -como las enfermeras fotosensibles o el Satán Cascodepato- que parecen dignas de un vídeo de Marilyn Manson; ustedes dirán si eso les parece bueno o malo. Luego, pese al cuidado que se nota han puesto en los aspectos técnicos, el ritmo a veces se hace pesaete, y no por cambiar continuamente de plano y escenario la cosa deja de ser más de lo mismo -y aburrido-. Mención aparte para los diálogos, dignos del mejor UWE!, pero sin la coherencia que da el pulso parkinsoniano con el que el gran clásico de nuestros días conduce sus obras.

Pues eso, una peli que ha sido un poco ni fu ni fa, ni tan mala que de eso sea divertida, ni lo suficientemente interesante como para subirla al panteón. A veces ese tipo de medias tintas son lo peor en lo que puede quedarse una película, pero no se crean: ni lamento haberla visto ni creo que me hubiera perdido gran cosa de no hacerlo.

Ha caído la de diosescristo.

Me pilló por la calle, pero me pude refugiar... qué cosa, si los cielos en vez de ser negros hubieran sido rojos hubiera parecido Crisis en las tierras infinitas. Llovía de lado y el agua entraba por todo, hasta por las rendijas de ventanas que estaban cerradas a cal y canto. Volviendo a casa, árboles caídos, coches aplastados... y venga a la sirena, la luz que va y viene, el teléfono no pirula... Ya lo habrán visto por el telediario, así que no machaco más. El caso es que servidora sigue enterita y en casita, aparte de entrar agua por la cocina y tener que achicar un cubo entero, nada de nada. Así que nada, un besico pa todos los que pasan por aquí y luego les cuento qué tal Silent Hill, la película.

Karney: de lo peor que he leído en lo que va de año...

...Me pasa por lo de siempre, me ponen una portada con una sarta de monstruítos a lo Freaks browningianos y hala, pico como con que Lulú se llamaba Lola. Hoy no quería darles más la guerra con tebeos, ya tocaba peli, musiqueta u utra cosa, que no por darles variedad les daré gusto pero sí dispersión, como si faltara. Y pensaba en Silent Hill, la pini; pero ésta la puedo tener un par de días, por si tengo que rever algo o meter una capchu, y el Karney me quema y lo devuelvo mañana a la librería como que me llaman la Perse. Así que hala, hoy digitalizo bilis -poquita, estoy paroxetinada pero que de gordo- en esto y mañana Zeus dirá, a ver qué le rota.

No me dirán que la portada de marras no promete... ser una cosa asquerosilla, morbosa y terroricilenta. El miedo en tebeo no suele ser cosa fácil de conseguir... bueno, a mí me han entrado canguelos puntuales con los tebeos de terror de la EC, por ejemplo. Y cuando era pequeña con los Creepys y tal... a según que edades, ya se sabe... ahora soy una muhé fría y sin corazón, templada como una shirla toledana, y como mucho me cago -es una forma de hablar- al ver cómo me sube la hipoteca. Con todo, a mí denme fantasías, que pa sliceoflifes ya me los tengo todos los días, la manía que ha entrado ahora de pintar cuatro monos en unos folios para contar lo que lías con el rollete, la relación con tus viejos o lo superexperienciaprofunda que fue tu embarazo, coñe, enhorabuena a los premiados, pero bienvenidos también a me lo sopla y no me lo constipa. Pero creo que el post tampoco iba de esto... decía, eso, el Karney este se supone que es de terror, monstruos de la naturaleza, un hombre gusano, un jefe de pista clavado a Alan Moore, un comemi&%da en sentido literal, la mujer gorda y la mujer barbuda -entre lo ctónico y lo troglodítico, también hay ambigüedades andróginas como el gusanito, que gasta unas glándulas mamarias hiperdesarrolladas pero que ¿es? un ¿hombre?-, el hombre esqueleto... la dream-troupe de todo circo de rarezas que se preciara de serlo. Bueno, el caso, y se lo espoileo sin compasión porque tampoco creo que vayan a jurarme odio eterno por esto, es que también son unos asesinos y escorchadores del carajo. La trama es eso, vale, que llegan a un pueblo, se pelan a una parejita, luego un chaval, la peña los busca, los encuentran, hay lucha, bloodbath, y tal y tal. Resumiendo: una excusa chorra para hacer una sucesión de chistes -por así decir- escatológicos, gruesos y marranotes uno detrás del otro, sin originalidad ni gracia ninguna; si han leído tebeos de Mark Millar y Garth Ennis esto les parecerá, me parece a mí, un remedo patético y como más sobrado por aquello de publicar en una independiente y tener que hacerse notar de alguna manera. En fin, que contenido y resultados se corresponden: mucha porquería en ambos casos.

Nota al pie: la introducción de Kevin Smith y la conclusión de un tal "Brian Lynch, de Hollywood" son de lo más penoso que he leído en intros y outos en la vida que tengo. Hastío me da pensar en algún comentario ingenioso y malbaboso que hacer al respecto, así que nos lo ahorro a todos.

Nota a la nota al pie: coñe, pues sí que estoy hoy malbabada. Sé en lo que alguno estará pensando, pero sería de un mal gusto terrible decírmelo abiertamente en los comentarios, así que por favor se me abstengan.

Nota a la nota a la nota al pie: o no.

Recluta con alien, de Calo, y qué bonito...

Pero bonito de verdad. Este Calo, despierta el lado moña que hay en mí... que no todo iban a ser zombis y cosas chungas, ¿eh?
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Ahora que estoy postgriposa, qué mejor que este recopilatorio con tres historietas del gran Calo, con su estilo tan personal, tan naif, tan poppy, tan alegre, colorido, descocado, pilindrinero y... moña, pero moña-osito-patito, de dar un abrasito, poner el reloj biológico en hora y hale, los prejuicios pa las marujotas de trompas de falopio atascás y los curas sin armario.
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Esta página define un poco el tono... aquí nadie se calienta los cascos, la vida es bella y al final te mueres; lo que han de comer los gusanos, que lo disfruten los humanos. Ná, cuarenta paginitas en bellos colorines, con chicos guapos y chicas guapas, aventuras espaciales con confusión de géneros -de toda clase de géneros, vaya-, un poco de western rudo pero galante, y amor entre zombie slayers... ¿qué más se puede pedir? ¿Palomitas?